Eso decía Emilio García Riera y así tituló su libro autobiográfico. Él fue un exiliado español que llegó a México cargando, entre otras cosas, una fuerte proclividad a lo que oliera a cine, una filia que años después se convirtió en vocación, y con la madurez del tiempo en toda una institución (Riera es a Guadalajara lo que Georges Méliès a París; incluso diría que sin la existencia de Riera, no conoceríamos ahora a Guillermo del Toro).
Lo traigo a colación por la fuerza de su enunciado. Y porque en ella pensé en cierto momento la semana pasada cuando me detuvieron unos encuestadores a la entrada de la
Cineteca para ayudarles a hacer "una evaluación del trabajo y servicios que da la Cineteca Nacional"... Las preguntas iban desde la calificación ("muy buena / buena / regular / mala") que le daba a los baños hasta si me gustaba el confort de las salas de proyección... Al escuchar esas preguntas contesté con cierta indiferencia. "Pa' lo que sirven estas madres; a lo mucho van a poner jabón líquido en el baño y cambiar los azulejos amarillos por verdes-agua".
Pero cuando el de las preguntas llegó a
esa pregunta fue inevitable. Riera se volcó en mi cabeza y pensé en él y en todos los cinéfilos muertos. En la Cineteca que ardió hace no sé cuántos años. En aquellos que se alzaban de sus asientos porque pensaban que el tren de la proyección se iba a salir de la pantalla y los iba a matar a todos... Se apoderó de mi el espíritu de
Totó (sí, el de Cinema Paradiso). Pensé que si el cine lleva más de 100 años y se mantiene en su sinergia original (un público que va a una sala a oscuras a ver la proyección en una pantalla grande de la película de su preferencia), que si el cine sigue siendo, efectivamente, mejor que la vida (¿quién no se desprende -para bien o para mal, en mucho o poco grado- de su conciencia cuando está, solo, frente a una pantalla?) y que si la gente continúa asistiendo a las grandes salas ("el cine se ve mejor en el cine") independientemente de canales privados, DVD's y MID's, entonces mi respuesta tendría que ser categórica. ¡Y lo fue!
"A ver, mi chavo, si es Cineteca Nacional no le veo ese adjetivo por ningún lado, más allá de las conexiones que tiene con otros circuitos cinematográfricos de la ciudad como son la UNAM, el Poli o ciertas salas comerciales, más allá de eso no existe fuera del DF; punto número 2, los precios, se supone que los martes y miércoles los boletos están a 25 pesos, más baratos, pero sólo se aplica a funciones no especiales, o sea a media cartelera, pues siempre hay algún foro, muestra o proyección relevante y así pues qué chiste, piensen en los estudiantes y en el proletariado con ganas de aprendizaje y superación; punto número 3, no es por ser malinchista pero tampoco hay que pecar de chovinista, ¿pero ya checaste (mi dedo inquisidor en el pecho del encuestador) lo que hace la Cinémathèque de Francia? ¡Papá, hasta museo tiene! Digo, son obvias las abismales diferencias pero por algo se empieza, ¿no?, además, nuestro cine no nació ayer, mi chavo, ya tiene memorabilia. Acá, la "Cineteca Nacional" (léase con sarcasmo) con su librería con títulos del Conaculta y números atrasadísimos de la revista Generación y Moho y con su servicio de archivo ya se cree la divina garza, ¡por favor! Orale, te acepto eso, que tiene esos servicios, ¡pero ni los explota! No los difunde. Más allá del maik de la limpieza, de los que laboran aquí y de dos o tres clavados del CCC y del CUEC, dime quién visita los archivos. ¡Nadie! Sí, sí, ponle eso. Y ponle que la Cineteca debe ser proporcional a los millones de habitantes que se supone debe agraciar, tiene que tener más ingenio en su afán de divulgación, promoción, proyección y resguardo de películas. Ahora, sus programas dobles, ¿en qué diablos están pensando? Se supone son los clásicos, ¡y los proyectan al mediodía! ¡No la chinguen! ¿Quién viene a esa hora? Sólo los de la secundaria de aquí enfrente y eso si no se van de pinta a Six Flags... Por ejemplo, hoy pasaron dos de George A. Romero, La Noche de los Muertos Vivientes y Día de los Muertos, dime ¿cuántos cristianos había en la sala? ¡Dime! (cachetada guajolotera al encuestador con mirada cabizbaja). Mira, no es por verme mamón pero en la universidad estaba en el Cineclub de la fac y organizábamos ciclos bien perrones, presentaciones, proyectábamos películas bien bizarras, acá no digo que no hagan eso, están chidas sus charlas de café (risita) pero a ver, qué te parece unas funciones de medianoche, ¡ah, verdaaaaa!, o unos maratones nocturnos con ve tú a saber qué temas, hay un chingo de cine de autor o géneros para explotar... o estaría de poca que musicalizaran películas pero bien, no como la tomadura de pelo que fue aquella de
Nosferatu en el panteón de San Fernando... Ah, y que haya queso fundido en las dulcerías pa' echarle a los nachos, odio las palomitas, me irritan la lengua... Eso propongo. ¿Siguiente pregunta?"
Maldito espíritu de Totó. Se pasó conmigo.