WEVOS BIZARROS




Baños. Ella. Él.
Bizarro, but of course
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Andaba por los caminos del sur y me fui para Guerrero, porque en él falta un lucero y ese lucero... ERA YO, jajaja... (Sí, qué mamón). Ya contaré en días próximos qué fui a hacer por allá, cosa que la mera verdat hizo que me alejara del Pechocho...

Hace rato me vi con una amiga para echar el cotorreo en el café Bizarro, sucursal Roma. Vivimos cerca, terminamos tempra nuestros respectivos deberes y el citado café nos quedaba al tiro...

Pero lo relevante aquí no fue eso ni que me contara que en los últimos días ha sufrido de insomnio o que cuando ya al fin logra dormir, sus últimas noches han estado salpicadas de sueños bien dramáticos donde ella se la pasa llorando en funerales de gente que no logra reconocer.

No. Lo llamativo fue un chamaco como de 5 o 6 años que sepa de quién era vástago, pero obvio era sangre de su sangre de alguno de los doce parroquianos que ahí degustaban cafés insípidos o sabrosas chelas de barril bien frías.

El infante jugaba entre las mesas del lugar hechas de madera con reciclaje industrial, entre el trío de darkis (?) que cantaba esa de "me calaste hooooondo y ahora me dueeeleeees" (!), ante la mirada silenciosa y fija de las gárgolas de plastilina que cuelgan de la pared... Así como ante la mirada silenciosa y valemadrista de su padre, madre, tutor, cuidador, niñera o quien tuviera la potestad esa noche frente al escuincle.

Y es que la criatura iba y venía, gritaba sus impulsos, le decía no sé qué madres al cráneo de vaca o de toro o de burro o de buey que los bizarros tienen colocado justo arriba de la barra (para que pues el lugar se vea chido, ¿no?, acá maldito y terrible como seguramente ha de tener la barra de su casa Al Jourgensen). En fin, el bebé (¿de Rosemary?) a sus anchas...

La cosa es que este niño postpunkconfuertefaltadeatencióncasera no habría pasado de simple chiste de sobremesa si no me hubiera topado frente a frente con su inmenso poder. PODER TOTAL.

La chela, tras unos minutos de guara-guara, glu-glu-glu y después de haber dejado en mi organismo sus nutrientes necesarios, se había concentrado en mi vejiga. Diplomáticamente anuncié mi ida al WC y me incorporé. En el baño hice lo propio, experimentando esa paz inmensa y gozosa que significa orinar, a la par que veía cómo le atinaba al centro del tobagán y no salpicaba (¡ni con una gotita!) la tapa del retrete.

Me guardé a mi amigo. Me subí el cierre. Salí del baño... Una mirada rápida y breve al espejo. Wow. "No estoy nada mal", pensamiento narcisista al lavarme las manos. Me las seco. Un paso rumbo a mi mesa. Ahí sigue Isana. Dos. Pediré otra chela. Tres. Vaya, pusieron a Covenant. Cuatro...

¡¡¡Wevos!!!

Quinto paso ya no hay. Trato de no perder la compostura ni retorcerme como gusano (que la verdad, en ese momento, es lo que quería hacer).... Ahí está el hijo de su madre. Ya ni me acordaba del futuro de México.

Con una especie de avioncito que no sé de dónde mierdas lo tomó (seguramente los pinchis reyes se lo trajeron) me recibió al salir del baño... Y si la probabilidad de que un avión estallara en Polanco era de una en un millón, la posibilidad de que otro aeroplano aterrizara en mi entrepierna era de una ¡en un billón!

¡Avionazo! Y sin decir agua va...

Qué feo se siente que le peguen a uno ahí ("¿dónde?", se preguntará el aún desubicado: en los wevos. Los eggs. Tompiates. Cojones. Bolas. Canicas. Huerfanitos. En los meros testigos de mi vida). Todo se desaparece. El tiempo no se detiene pero como que se hace más pesado a la vez que más lento. La sensación de que los testículos te los subieron hasta el pecho, en el mejor de los casos, o de que te los hicieron polvo con el madrazo, no es efímera. Para nada. Este tipo de golpe seguramente será la delicia de los masoquistas porque se mantiene, se deja querer para que lo goces. Se expande. Y sientes la ingle como el centro del universo haciendo un nuevo BigBang. Y es que no es para menos: es la misma zona que cuando le regalas (o te regala) un orgasmo, te saca de este mundo y te lleva a conocer brevemente la muerte, el único y pequeñísimo momento en que te desconectas de TODO (y te deja aun regresar a la Tierra pa' contarlo)...

"Me calaste hoooondo / y ahora me dueeeeleeee" (ahora me es más insufrible Enrique Bunbury).

3 pechoch@s: (+add yours?)

Dana dijo...

Hola, gracias por invitarme a tu blog. Mucha suerte. Interesante conocer tantos sinónimos de una palabra jeje.

Un beso.

Don Rul dijo...

Jajaja. Muy buen poust. Por acá nos estaremos viendo.

Anónimo dijo...

quedaste estéril, cabrón